Aniversario 41

No sabemos cómo va a evolucionar la pandemia, pero si estamos seguros de nuestro propósito de avanzar en la senda y hasta ahora nos hemos adaptado con clases en línea y presenciales cuando se puede.

El interés no ha decaído y tenemos un precioso Dojo, como nunca antes habíamos tenido, especialmente gracias a la dedicación de Bernardo (QEPD) junto a la constancia y entusiasmo de muchos. Así nos encuentra el aniversario número cuarenta y uno, funcionando, con muchos proyectos y con un gran sentimiento de amistad y fraternidad.

Las historias son muchas, como para escribir un libro. Lo principal es que fundamos esta escuela con un propósito muy definido: enseñar lo más cercano a la tradición, a los principios técnicos y filosóficos y para todos.

Esto suena de perogrullo, pero ocurre que en esa época el karate competitivo estaba popularizándose produciendo una escisión con lo tradicional: la competencia, la violencia, los problemas típicos de todos los deportes, luchas de poder y tantas otras cosas, a nuestro parecer se estaban irremediablemente alejando de la raíz.

Después de comprobar repetidamente que nuestro camino no era ese, nos aventuramos a seguir nuestro ideal manteniéndonos al margen de las competiciones y federaciones. Fue difícil, pero con el tiempo se demostró que fue acertado.

Así hemos conformado una gran familia y tenemos un alto nivel en las artes marciales, estamos cosechando los frutos y siempre tratando de hacerlo de la mejor manera de acuerdo a los tiempos.

Tenemos mucho que agradecer, ya que esta tarea no es de una sola persona y hemos sido muy beneficiados de la gran calidad humana, generosidad y dedicación de muchos.

40 años

Un 15 de Agosto de 1980 nace nuestra Escuela.

Comenzamos con alumnos de Rebeca Chacón, Gustavo Cubillos y Reinaldo Toro – desde donde proviene Ramón Leiva por ejemplo -, de la Universidad de Chile, Digeder y alumnos particulares que entrenaban en el patio de la casa de mis padres. A pesar de que tenía muchos alumnos formados por mí mientras estuve a cargo varios años de la Academia Kenshinkan de Antonio Varas – de donde proviene Bernardo Olivari que se integró tiempo después – , no invité a ninguno de ellos para no generar suspicacias.

Nuestra primera Escuela fue una casa ubicada en la calle Capitán Fuentes con Dublé Almeyda en Ñuñoa. En este lugar comenzaron personas como Álvaro Páez, Mario Ojeda y otros. De esa época hasta ahora hemos estado en Obispo Orrego, Irarrázabal, Alarife Gamboa, Malaquías Concha, Luis Middleton, Bilbao, Manquehue (Bulding), Diagonal Oriente, Cuarto Centenario (Leblón), Cristóbal Colón, Las Malvas, Lo Curro, Badajoz,  Vitacura, de nuevo en el Leblón, Stadio Italiano, Leblón, Castillo Velasco en La Reina, y, finalmente Padre Le Paige.

Tener una Escuela fue una experiencia difícil, ya que existía mucha resistencia especialmente por parte de sensei Roberto Fernández, que pensaba que nos aprovechábamos del nombre Kenshinkan, que en un principio él mismo nos había autorizado utilizar. Por ello decidimos no usarlo y optar por un bajo perfil. Eso también marcó un estilo: seríamos una escuela chica, sin publicidad y sólo alimentándose desde adentro.

Como me dediqué mucho al kobudo, sensei Raúl siempre me pedía que llevara las armas y participara en las exhibiciones de la escuela. Esto también originó que muchos alumnos quisieran participar con nosotros, lo que tuvimos que evitar para no entrar en conflicto con sus profesores. Acá no es como en otros países, en que todos entrenan con todos.

A esa primera Escuela, en alguna ocasión invitamos a los sensei Raúl y Roberto Fernández, lo cual no fue una buena experiencia, pero luego vino sensei Oshiro, quien fue un gran aporte y marcó una filosofía en la enseñanza que persiste hasta hoy.

El año 1986 dieron examen en la casa matriz los primeros cinturones negros de nuestra Escuela. Fue una gran experiencia donde brilló nuestra calidad, que fue reconocida incluso por sensei Roberto, que nos felicitó y quedó muy sorprendido por nuestro nivel.

Ese año también el sensei Akamine anuncia el cierre de la Kenshinkan e invita a algunos de nosotros a participar con el nuevo representante del estilo de la única entidad oficial de karate de Japón, la Zen Nihon Karate Do Renmei, de la cual sensei Oshiro había sido recientemente nombrado representante para Sudamérica.

Así lo hicimos y eso también marcó el estilo técnico de nuestra Escuela.

En un tiempo nos vimos obligados a pasar por una etapa deportiva, aprender a competir, arbitrar y organizar eventos, como el primer torneo oficial que se realizó en Chile. Lo hicimos muy bien, pero eso cumplió su etapa y seguimos dedicados a las artes marciales tradicionales.

Siempre hemos tenido un núcleo de alumnos que ha persistido y nos ha permitido avanzar conformando una verdadera familia, haciendo realidad un estilo único de escuela: la práctica de un amplio abanico de disciplinas con un muy alto nivel técnico y humano.

Hemos tratado de mantener un sistema personalizado, el cual a dado muchos frutos y, lo que más me gusta, es que los alumnos más avanzados lo han aprendido y aplicado con sus condiscípulos más novatos.

Hemos pasado etapas en que todos eran novatos con un profesor que hacía todo, hasta tener muchos cinturones negros que saben hacer de todo. Para mí, acostumbrado a estar siempre encima, me fue difícil en un comienzo ir dándole espacio a otras personas en la dirección de clases y en las explicaciones, pero es la forma en que pueden aprender, ya que una parte se aprende siendo guiado y otra siendo uno el que enseña. Así se completa la comprensión de este arte. Hay personas muy dotadas y que sin embargo no saben transmitir sus conocimientos y experiencias, eso es sinónimo de que no han terminado de aprender. Afortunadamente son muchos los que, a través de sus propias palabras y ejemplos, saben cómo ayudar a los demás a avanzar.

El aprendizaje requiere mucha dedicación y observación de parte del alumno, y pedagogía de parte de los profesores para poder corregir a tiempo los errores, antes que se transformen en un hábito. También la forma de enfocar un error es muy importante, para que motive a los alumnos y no los desaliente en su aprendizaje. No se puede ser demasiado puntilloso ni crítico, sobre todo con quienes no tienen facilidades. Todo está en encontrar el punto medio y poder transmitir el mensaje, porque cada uno debe ser su propio profesor, en el sentido de tener autocrítica y conciencia de lo que hace y esforzarse por propio impulso, sin que nadie tenga que empujarlo. Eso lo hemos podido conseguir, con algunas contadas excepciones, que no hacen más que confirmar la regla.

Hace poco tiempo adoptamos el nombre Kidokai Dojo, que engloba todas las actividades que realizamos, ya que el nombre de cada disciplina es largo y engorroso. Por ejemplo en karate, hablar de Zen Nihon Karate Do Renmei Goju Kai es impronunciable y difícil de recordar para cualquiera; Musso Shinden Ryu de Iaido igual y Shiatsu Kenko Kai también. Por eso buscamos un nombre de fantasía que nos identificara y fuera más corto. Surge así Kido, en honor a mi querido Maestro de Shodo, Masatoshi Kido, que fue como un padre para mí. El nombre, Kidokai nos identifica y engloba todo.

Este aniversario nos pilla en una situación complicada y la unión entre nosotros y el amor que tenemos por esta actividad, nos han permitido seguir avanzando. También el contar con una organización como el Consejo Dan y particularmente la paciencia y tenacidad de su Tesorero, nos han permitido sortear de mejor manera el desafío.

Siempre hay personas que no son verdaderos alumnos y van como de pasada, y eso también es normal dentro de un grupo humano, aún cuando lo ideal es que sean los menos. Lo comento, porque hay escuelas que prácticamente han desaparecido en esta pandemia. Nosotros en cambio, hemos ido con entusiasmo avanzando y adaptándonos a los nuevos tiempos y nuevas tecnologías, sin perder el espíritu original.

En este momento tenemos un Dojo ampliado casi listo para ser usado, solamente faltan los vidrios, una puerta y algunas palmetas de tatami. Creo que en el momento que podamos volver a las prácticas habituales, habremos avanzado mucho y podremos aprovechar en mejor forma el equipamiento que tendremos.

Aún hay mucho por aprender y perfeccionar. Particularmente, quisiera pronto poder tener habilitado el Dojo para que Bernardo – su principal impulsor – lo pueda disfrutar terminado y podamos entrenar en las mejores condiciones. No sabemos cuándo podrá ser, pero ya llegamos a cumplir cuarenta años, así que sabremos esperar.

Sin duda, para poder avanzar en todos estos años hemos contado con la ayuda de muchos y no puedo dejar de agradecerlo. No creo que sea necesario nombrar a cada uno, pero sí mencionar que todas las ayudas han sido valoradas, reconocidas y muy agradecidas.

Un saludo afectuoso a todos los integrantes de Kidokai Dojo.

 

Rodrigo Peña