Kidokai

Artes y Terapias Japonesas, Shiatsu, Shodo y Sumie.

Kidokai

Saltando la vara.

Este entrenamiento es propio de nuestra escuela, no suele practicarse en otros estilos.

El salto puede ser muy útil pero también muy dañino si no se entrena como corresponde. Alguno de los puntos importantes a tener en cuenta son:

  • Partir gradualmente, con una altura cómoda que se salte sin esfuerzo.
  • Ser metódico, repetir las mismas series varias veces. No se puede entrenar salto de vez en cuando ya que eso solamente producirá resentimiento y lesiones.
  • Tener especial cuidado al rechazar, que sea con el metatarso y los dedos y no con el talón y lo mismo al caer. Lo que más lesionante son las caídas bruscas en el talón. No debe producirse sonido alguno al caer. Nuestro pie, al estar casi siempre enfundado en zapatos o zapatillas, pierde muchas de sus capacidades, por lo que esto no es fácil.
  • Respirar en forma adecuada. El aire no debe contenerse durante el salto. Especialmente en las caídas y ruedas.

Los beneficios del salto son enormes, todos los músculos son ejercitados, el equilibrio, el sentido del cuerpo en el espacio, la fuerza en los brazos. Por eso es muy recomendado en los niños y adolescentes que están en crecimiento. En los adultos con problemas de columna y en las rodillas hay que ser muy selectivo en los saltos que pueden ejecutarse sin riesgos.

Las dificultades que se encuentran al hacer este entrenamiento son de coordinación y de falta de rechazo, pero sobre todo, de susto a la vara. Por eso el beneficio también es psicológico. Los niños de menos cinco años suelen tener todavía un problema con la lateralidad por lo que suelen hacer todos los saltos “al revés” por lo que no hay que impacientarse ni corregirlos demasiado.

Es preciso contar con la cantidad de juegos de varas adecuada a la cantidad de practicantes ya que le demora o el saltar muy seguido no es conveniente. También el alumno debe saber que no se le exigirá saltar una altura que no pueda. Los profesores observan y van subiendo la vara de acuerdo al progreso de los practicantes. Me han tocado alumnos de otras escuelas que han sido exigidos y tienen miedo. Les cuesta muchísimo desarrollar estas técnicas. No logran relajarse al saltar ya que muchas veces han sufrido lesiones.

La gracia del entrenamiento con la vara es que todos los alumnos sin excepción lleguen a ser capaces de hacer los saltos, obviamente con las salvedades de altura por la condición física y edad. Si es así significa que el sistema está bien aplicado y no que se basa en el talento de cada uno. En nuestro grupo es normal ver hacer Uchiro Tobi geri, con puntería a todos, desde naranja hacia arriba, hombres y mujeres. Lo mismo la rueda en sus diferentes sabores. Personalmente me costó mucho saltar. Comencé un año a saltar todos los días, sin descanso. Me motivó mucho ver a Iván Larrondo que era de los que más saltaba. Al final del año logré el máximo de altura. Tengo muchas ganas de saltar, pero una lesión en el pie me lo está  dificultando. Espero pronto poder hacerlo, es una gran sensación elevarse por los aires ya sea haciendo una patada, un retroceso en Shiko Dachi, Ukemis y ruedas de todos tipos. Recuerdo haber visto a Sensei Raúl Fernández de la Reguera hacer unos saltos muy espectaculares, con poco impulso, que es otra de las características de nuestros saltos a diferencia de los fantásticos saltos que hacen en Taekwondo, con mucho impulso.

Con mucha admiración he podido observar el progreso de los alumnos en este entrenamiento, en especial de mujeres a quienes les suele costar más por tener el centro de gravedad más bajo y menos fuerza en brazos y piernas. También los niños que suelen ser muy descoordinados en estos tiempos. Saltando con constancia y cuidado todos vamos avanzando sintiéndonos más livianos, ágiles, coordinados y más seguros de nosotros mismos.

Películas y los valores de siempre

Recientemente pude volver a disfrutar de dos de mis películas favoritas: Yakuza (1974) y Black Rain (1989). Ambas tienen en común que ocurren en Japón con occidentales y donde esta presente la temible mafia japonesa, la Yakuza. La primera está protagonizada por Robert Mitchum y la segunda por Michael Douglas. En ambas el actor japonés es Ken Takakura, de excelente desempeño.

Interesante las historias, también ver Japón con diferencia de años. Los mafiosos son los mismos con sus espectaculares tatuajes de cuerpo entero, su maldad y su estricto código moral. Esto puede parecer raro pero sus códigos prácticamente no se diferencian de los de los samurái.

El sentido del deber (Giri), de la lealtad son de una profundidad en la que está involucrada la vida. Esta parte de ambas películas me gustan mucho. Es emocionante ver como la amistad es amistad de veras, como los compromisos se respetan no importa cuántos años hayan transcurrido y que las personas pongan sus valores por encima de sus propias conveniencias. Admiro mucho este aspecto de la cultura japonesa y quisiera encontrar personas que sean capaces de tener valores, respetarlos y ser leales a toda prueba. En nuestro grupo, imbuido del espíritu samurái, son muchos los que tienen ese sentido de lealtad con su escuela, con sus compañeros y profesores. Gracias a ellos hemos podido sobrevivir en un mundo donde el Karate y las artes marciales en general son objetos suntuarios, de entretención, o de competición, sin mayor importancia.

Esto no es poco ya que la mayoría de las personas viven de acuerdo a lo que más les acomoda y de donde pueden obtener algún provecho, sin convicciones ni valores más profundos. El sentido de agradecimiento existe poco y no se valora lo que los demás, sean profesores, o condiscípulos hacen por nosotros en el camino del Do. El egoísmo es quién va ganando en esta carrera de apariencias, conveniencias y ganancias.

Por eso, muchas veces quienes cultivamos estas artes al observar la actitud de las personas nos preguntamos si vale la pena seguir atesorando conocimientos y sistemas de enseñanza con tanto tesón y dedicación para entregárselos a quienes no los sabrán valorar. El Sensei Kido al respecto siempre ha sido muy insistente en que uno tiene que enseñar y enseñar con amor incansablemente aunque parezca que cae en saco roto porque tarde o temprano las personas tomarán consciencia del significado profundo de esta sabiduría. En parte por eso es el gran respeto, enorme afecto y agradecimiento que siento por él. Pero, por otro lado, otros respetables profesores consideran que solamente hay que enseñarles a las personas que hacen méritos suficientes como para ser tomados en cuenta y son dignos de darse el trabajo de enseñarles. Dicho en otra frase conocida que se me viene a la cabeza es que “no hay que darles perlas a los chanchos”. Entonces es como un dilema Zen: ¿le enseñamos a todos con gran amor y paciencia y solamente a algunos pocos que se lo merecen? Personalmente me he sentido impresionado de ver las actitudes que pueden llegar a tener algunas personas con tal de sacar una ganancia, un beneficio demostrando que de valores y de lealtad no tienen nada. Quizás sirvan para poner a prueba el temple de mis convicciones o para abrirme los ojos y ser capaz de ralear de maleza el campo. Veremos que es lo más verdadero, mientras los invito a ver esas dos grandes y entretenidas películas que tanto he disfrutado.

Uchi Komi

Esta semana comenzamos a entrenar Uchi Komi. Para entender cabalmente el sentido de este entretenido entrenamiento es necesario remontarse a los orígenes y a los fundamentos del arte. Lo primero que es necesario destacar es la diferencia que existe entre un arte marcial y un deporte marcial. Mientras en este último el objetivo es ganar, marcar puntos dentro de una reglamentación, en el primero el objetivo es la supervivencia. Ganar o perder no es trascendente. En los deportes se gana y se pierde y no hay drama aunque los fanáticos hablen de “jugarse la vida”, de “partido trascendental” y cosas por el estilo. En la época en que se desarrollaron las artes marciales de las que nos ocupamos, el tema era sobrevivir. En esta perspectiva no pueden existir fallas, no pueden existir limitaciones, y el protagonista debe tener como norte la eficacia máxima de lo que hace, sea una posición, un desplazamiento, una defensa o un contragolpe, pero por sobre todo, una actitud (mushin, kanji de la portada y de lo cual hablaremos en otra ocasión). No se puede cometer errores. Esto es más fácil de comprender en el iaido o kenjutsu: la más mínima distracción o desequilibrio, la más pequeña falla tendrá por resultado la muerte. Un corte de la katana, por pequeño que sea puede ser fatal. De ahí que todo cuenta: el estado emocional, físico y mental. La máxima eficiencia de la técnica. La forma de mirar, de respirar…

Si bien en la actualidad no nos vemos a diario en situaciones de combate cuerpo a cuerpo, lo importante es el concepto. Ataques se reciben a diario, mientras uno maneja, mientras trabaja. La supervivencia de un negocio, de un proyecto. El ir a comprar una mesa de comedor puede devenir en un ataque mortal, como ocurrió hace poco. Es así que en la actividad que sea que nos encontremos existe el riesgo, el ataque artero, el accidente. No se trata de una actitud paranoica sino de ser responsable, de valorarse a sí mismo.

En esta línea nos preparamos para estar saludables, fuertes, armónicos. Para tener energía y fortaleza. Para saber reaccionar de la mejor manera.

El entrenamiento de uchi komi nos enseña a movernos correctamente, a “ver” los ataques y a la forma más adecuada de efectuar las técnicas, en la distancia correcta y con el tono muscular adecuado. Requiere comenzar con lentitud y mucha corrección en la técnica como en la distancia, “ma ai”. El control es básico y fundamental. De esta forma logramos tener un gran dominio y efectividad a la vez que minimizamos los riesgos de entrenar algo tan extraordinariamente eficiente y potencialmente muy riesgoso de no tomar el cuidado necesario.

Básicamente consiste en atacar a un adversario que no se moverá para permitirme afinar la distancia y oportunidad de cada técnica. El que ataca debe tocar al otro sin pegar y con el brazo o pierna no estirado y relajado, justo en la distancia en que habría que contraer la musculatura. Debe ir siendo cada vez más rápido y seguro en la distancia. El que recibe el ataque debe concentrarse en la totalidad del adversario y su entorno y estar relajado sin reacciones de ningún tipo que desconcentren la mente. De esta manera se acostumbrará a advertir el ataque apenas este comience y salirse o bloquear en el momento preciso, casi cuando el adversario lo toca sin sufrir un sobresalto.

Por otro lado al entrenar grados avanzados con personas que recién comienzan es de la máxima importancia ya que se aprende mucho más teniendo un buen ejemplo que escuchando explicaciones y correcciones. En este sentido somos afortunados de contar con un grupo adecuado, con excelentes exponentes de gran experiencia y muy buena disposición.

Las personas que han entrenado Uchi Komi suelen ser tranquilos, calmos y de reacciones rápidas y eficientes, no espontáneas y riesgosas. La mente no es zarandeada por las acciones del contrario, por lo que las reacciones no serán descontroladas ni desmedidas, cosa tan común de ver en algunas “artes marciales”.

La habilidad adquirida al entrenar uchi komi nos permite acceder a la aplicación de elementos de mayor complejidad, por eso es imprescindible entregarse a esta práctica con la mayor dedicación.

Rollitos Constanza

Hoy quise regalonear a mi familia con una cena ya que tenemos un motivo de celebración. Pensé en algo que les guste y me decidí por los rollitos Constanza, receta probada y tradicional para la navidad. Los ingredientes son: unas rebanadas de buen jamón de un grosor superior al normal, que tengan forma rectangular; pechuga de pollo deshuesada, fileteada y marinada con vino blanco, limón, estragón, ajo en polvo y sal; julianas de pimentones de diferentes colores (solamente tenía verde) y zanahoria; almendras peladas, saladas y doradas en aceite de oliva; champignones de tamaño chico cortados en tres rebanadas y, por último mantequilla y papel de mantequilla.

Comienzo por filetear las pechugas aliñándolas y dejándolas reposar, al mismo tiempo he remojado las almendras las que se pelan, salan y se doran. Teniendo todos los ingredientes como en la foto se procede a armar los rollitos enmantequillando un pedazo de papel de mantequilla, colocando el jamón, cubriéndolo con el filete de pollo cuidando que no sobre para que no se desarmen al enrrollarlos. Se disponen los palitos de pimentón y zanahoria, champìgnones y almendras. También me gusta ponerles ciruelas secas remojadas en cognac pero a mis hijas no les agradan. Luego se enrrollan como en la foto cuidando de que el paquetito quede hermético. Se colocan en una fuente de vidrio o metal, se agrega un poco de mantequilla encima para que el papel no se queme y se llevan al horno mas o menos entre veinte minutos a media hora dependiendo del horno.

Se acompañan con papas duquesas, puré o arroz. La gracia es servirlos en el plato del comensal y ahí desenvolverlo y sacar el papel. Al hacer esto aparece un vapor aromático y un jugo apetitosos. Estos rollitos son económicos, elegantes, originales y apetitosos. Se pueden guardar y calentar en el microondas o cortar en rebanadas que son muy decorativas pero debe hacerse con el rollo frío.

Se recomienda compartirlos con la familia y alguna amistad que no sea el Luchín porque comienza separando todas las almendras para un lado, todas las zanahorias para otro y así, causando la ira del cocinero y unos deseos casi incontenibles de acogotarlo.

Estos rollitos los bauticé en honor a mi hija mayor quien desde pequeña los ha disfrutado implantando la tradición de que sean la cena tradicional de navidad.

Los invito a sorprender a sus comensales con un plato tan delicioso como original y a brindar con champagne.

Cocinando para mejorar

Anoche me aburrí de estar enfermo así es que pensé, como decía mi madre: “para que andar con medios días habiendo días enteros” y me levanté, arrastré a la Isidorita hasta el Jumbo (además de buena compañía es experta en hacer listas y encontrar estacionamiento con su sexto sentido) y me puse a cocinar algo que me devolviera la energía y la salud, aburrido de los antibióticos y de que nunca pude aplicar remedios de la tradición shilena (si, con sh), como tomar pisco sour y otros ampliamente conocidos por todos, menos por la Leslita (según ella son tapsin, flores pectorales y tilo).

Una vez aperado de los correspondientes ingredientes arrastré de vuelta a la Isidora a la casa y me puse a cocinar. Como esta es la época de las dolencias respiratorias pongo mi propia receta a su disposición advirtiéndoles que, aunque probada su eficacia, tiene bastantes calorías y vitaminas por lo que no es apta para cuicos muy preocupados de la línea ya que, como dicen en el campo, “se arrebatan”.

Se pone a fuego fuerte una olla grande con unos chorritos de aceite de oliva y se colocan unas tres longanizas de Chillán cortadas en rodajitas (las del Jumbo salvan muy bien) y mientras chirrean echando aroma y jugo se va cortando en lonjas pequeñas un pedazo de costillar de cerdo ahumado sin huesos ni cartílagos yse agregan. Luego se corta en pedazos chicos unos trozos de carne que puede ser posta o lomo liso sin nervios ni grasa y se suman a lo anterior. Mientras siguen saliendo ricos vapores se pica una pechuga o mas de pollo, que es la última carne en agregarse. El orden es importante para que nada quede duro o recocido. A continuación se toman dos cebollas, se cortan en cuadrados y se agregan junto con un poco de sal y una pizca de azucar. A estas alturas, antes de que la cebolla entre en escena en el fondo de la olla se debe haber pegado algo o dorado por lo cual la cebolla despega todo transformándolo en un delicioso jugo. Aquí se tapa la olla para que no se escape mucho vapor y se vaya formando el caldo. Luego colocamos un pimentón verde en cuadrados y varias zanahorias en palitos. En cada destapada de la olla para agregar ingredientes surgen nuevos aromas que contribuyen a despejar los bronquios y a preparar los jugos gástricos, los que también conviene ayudar con una copita de vino u otro bebestible. Yo me fui bajando un buen vaso de ron con Inca Kola a falta de coca cola de verdad.

Mientras la cebolla da su jugo se pelan varias papas y se cortan un poco mas grandes que para papas fritas. Antes de ponerlas se agrega vino blanco a gusto y luego las papas, lo que contribuye a que estas no se desarmen al cocerse. Unos dientes de ajos enteros, para que los mañosos los puedan apartar, pimienta molida al momento y cilantro picado completan esta alquímica poción. Se corrige la sal y el nivel de caldo, que debe cubrir todo, con un poco de agua hirviendo. Se baja el fuego y se cubre la tapa de la olla con un par de manteles de cocina.

Mientras se cuecen las papas uno va poniendo la mesa y calentando unas marraquetas para que queden crujientes.

Una vez todo dispuesto miro la hora y era tardísimo. Ahí comprendí porque la Isidora tuvo que ser arrastrada (debe haber estado muerta de sueño), porqué habían tantos estacionamientos disponibles y porqué tuve que disputar a codazos las últimas marraquetas: ¡Estaba corrido como en dos horas!

Una vez repetida la dosis me siento mucho mejor para seguir dando la batalla. Invito a todos los resfriados, agripados, tristes y congestionados a probar este remedio infalible para subir el ánimo y arreglar el semblante.

Entrenando Iaido

Artículo rescatado de La Bitácora del Sensei, 24 de marzo del 2010.

Me parece sorprendente que haya interés por entrenar Iaido. Es algo tan alejado a nuestra cultura y tiene una dificultad especial. A propósito de estos comentarios me viene a la memoria el caso de Gustavo, un alumno que aparentemente tenía mucho interés en aprender iaido. Como era una persona de buen pasar, cuando llegó el momento estaba muy bien equipado de iaidogi (la chaqueta típica de iaido, negra), hakama (especie de pantalón con siete liegues) y katana (la espada samurai), cosa difícil teniendo en cuenta los costos en esos años (hoy todo es más barato). Cuando llega el momento de vestir la hakama ya estaba complicado y para que decir después. Al final, al momento de doblar la hakama lo calificó como… ¡la penitencia!.

Es que, partiendo por el traje, la forma de pararse, de sentarse, de desplazarse, todo es complicado para nosotros, occidentales no acostumbrados a sentarnos en el suelo ni a conservar una posición centrada. En mi caso, sentarme correctamente en seiza, me costo seis años, claro que venía con una falla de fábrica en las rodillas. Después, tomar la espada correctamente con una mano es incómodo, y con las dos también, se requiere fortalecer los dedos meñiques que suelen ser débiles, y las muñecas. Las piernas requieren también fuerza en ángulos poco usados. Además uno debe moverse de manera armónica, no brusca, originando todo movimiento desde el hara. Pararse y sentarse desde el suelo es particularmente complicado para nosotros no solo por la falta de costumbre sino porque nuestras proporciones son diferentes: tenemos más largas la tibia y el peroné que el fémur a diferencia de los orientales. Eso hace que, sentados en las rodillas, sobresalga parte del pie el cual tiende a girar hacia adentro produciendo una torsión en la rodilla muy incómoda y capaz de originar lesiones. El talón, en las razas orientales, sirve de apoyo al muslo en cambio en la proporción nuestra, no tenemos esa ayuda ya que este sobra o sobresale a partir del glúteo en posición incado. Esto se comprueba al ponerse un cojín entre la pantorrilla y el muslo en posición seiza, es decir, arrodillados: uno queda muy cómodo. En general los japoneses no se dan cuenta de esta diferencia y no advierten la dificultad que encierra para nosotros sentarnos en el suelo. Al incorporarnos también es más engorroso ya que teniendo la pierna más corta hasta la rodilla que de la rodilla al pie, tendemos a rozar con este lo que hace que necesitemos mas elongación en el tobillo y fuerza en el tibial anterior.

Se necesita un grado de concentración avanzado y constante, lo que cansa más que otras prácticas fisicamente más activas.

Por otro lado, según mi forma de verlo, requiere de un trabajo individual, repetitivo, autocrítico muy disciplinado. No puede existir el más mínimo error.

Todas estas dificultades son subsanables con la práctica pero requieren de mucha paciencia, virtud cada vez más escasa.

.Por último, este arte es de una belleza incomparable y de una vivencia interior indescriptible. Quizás sea el arte marcial por excelencia.

Me alegra de que hayan personas interesadas en esta práctica, lo cual es muy motivante y además es muy grato observarlos cuando ya logran un dominio al cabo de algunos años de dedicación.

Podría hablar horas acerca de la práctica del iaido o escribir tratados, pero nada se acercaría siquiera a la experiencia de hacerlo.

(Pueden ver fotos aquí.)

¿Quién le saca el collar al tigre?

Relato zen

Un monje zen acude donde el Maestro quién le da ese koan para resolver. Después de mucho meditar acude donde el Maestro con diferentes respuestas, las cuales siempre son rechazadas al más puro estilo zen: algún golpe sin mayor trámite ni explicación. Me imagino ingeniosas formas propuestas por el monje para que alguien pudiera sacarle el collar al tigre.
En la desesperación por no poder resolver el koan el monje, que trabajaba y vivía cerca de la cocina del templo, lugar común para comenzar una instrucción en un monasterio zen,  decide encerrarse en su cuarto y no salir hasta ser iluminado con la respuesta.
Se declara un incendio en la cocina del monasterio, cosa bastante común ya que se cocinaba con leña, ante lo cual se da la voz de alarma y todos los monjes tratan de apagar el incendio. Alguien recuerda al monje encerrado en su cuarto y van a buscarlo pidiéndole que se ponga a salvo, pero este responde que no saldrá hasta encontrar la respuesta al koan. Ante el riesgo de muerte del monje acude a convencerlo de que escape de las llamas otro monje, al parecer con un nivel mayor de iluminación quien lo insta a salir. El monje insiste en que no puede hacerlo hasta tener la respuesta. El de afuera le pregunta cuál es el koan. ¿Quién le saca el collar al tigre? responde el de adentro ante lo cual el iluminado lo increpa: ¡el que se lo puso por supuesto, imbécil! ¡Ahora sale y ponte a salvo!
Me gusta mucho este relato porque apunta a algo que es de gran importancia en la senda del satori: vencer las propias limitaciones. Estas en muchas ocasiones son impuestas por uno mismo y debe ser uno mismo quien las elimine. Por ejemplo: soy descoordinado, eso no lo puedo hacer… En muchas ocasiones las limitaciones más grandes que debe uno vencer son las creencias que uno mismo se ha puesto, por tanto el único indicado para quitarlas es obviamente uno mismo.
Al tratar de hacer algunas técnicas particularmente difíciles, como por ejemplo derribar a un adversario de mayor peso y fuerza, nos encontramos con nuestras limitaciones auto impuestas: no tengo la suficiente fuerza, no puedo. El profesor trata de convencer a los alumnos que si pueden si aplican la técnica en forma correcta y da argumentos y ejemplos pero no puede convencerlos, debe ser cada uno quien se convenza. No puedo hacer la rueda, no puedo saltar esa altura, no puedo hacer esa caída… Muchas de las limitaciones han sido involuntariamente aceptadas por nosotros mismos. Es innegable que tenemos más talento para algunas cosas y menos para otras, pero es igualmente cierto que tenemos más capacidades y potencialidades de las que suponemos. Sacarle el collar al tigre es quitarse las ideas preconcebidas que tenemos acerca de lo que podemos y no podemos lograr.
Me acuerdo de Klausito (Jaschan Little), gran talento para karate, pero cuando era chico entrenaba un poquito y se salía diciendo que no había nacido para ser karateka. De repente parece haberse olvidado de esa idea y se transforma en un karateka de condiciones sobresalientes. Casos como ese hay muchos y nombrarlos sería largo.
Si alguien puede sacarle el collar al tigre es sin duda quien pudo ponérselo. Los invito a intentar sacarnos el collar que sin querer hemos portado por años y a tratar de pensar de una manera renovada acerca de lo que podemos lograr si nos permitimos intentarlo.

Publicado el  en La Bitácora del Sensei

Pollo al Cognac

Plato excelente para cuando comienzan los días más frescos

 Ingredientes para ocho personas

Dos pechugas sin piel y partidas en cuatro

Ocho tutos cortos sin piel

(No uso tutos porque se desarman al ponerlos sin cuero)

Dos cebollas en cuadrados

Un pimentón verde y uno rojo

Cilantro

Dos bandejas de champignones cortados en láminas

Cognac Tres Palos

Vino blanco en caja

Sal, ajo en polvo, estragón, jugo de limón, aceite de oliva y pimienta a gusto

Las presas de pollo se aliñan con el ajo en polvo, estragón, sal , pimienta y limón y se dejan reposar un rato.

Idealmente en un librillo de greda se coloca aceite de oliva y se doran las presas por el lado de la carne. Luego se dan vuelta y se doran por el lado del hueso y se dejan por ese lado para que den el sabor.

Una vez doradas las presas se agrega la cebolla y pimentón y se revuelve para que se despegue lo que se ha originado al freír y se vaya formando un caldo.

Cuando la cebolla ya esté trasparente se agrega el cilantro y cognac a gusto, por lo menos una taza. Cuando ya se le haya ido el alcohol se agrega abundante vino blanco que deje las presas tapadas y se forme abundante caldito.

Se deja hervir a fuego lento con cariño para que se desprendan los sabores y se ablande el pollo. Cuando ya está listo se agregan los champignones y se deja un corto rato para que queden turgentes, se corrige la sal y el nivel de caldo agregando vino y se espera que el alcohol se evapore.

Es recomendable tener marraquetas crujientes para untar el jugo y se puede acompañar con arroz, puré, ensalada de papas, papas doradas o papas fritas.

Se sirve una o dos presas y se cubren con los cachureos vegetales y se sirve el jugo en una taza de café o de té.

Publicación recuperada de La Bitácora del Sensei del